El recién nombrado sultán de Aden se está aprovechando de la indisposición de su sire para hacerse un hueco. Hasta que Abd al-Haqq se recluyó el mismo en su refugio, pedía con frecuencia a ibn Yasir que viajase a San'a para reafirmar su lealtad y renovar el juramento de sangre con su sire. Ibn Yasir no le guarda ningún rencor a su sire y de hecho le agrada que le escogiese a él entre todos sus chiquillos para que se encargase de Aden, pero varios siglos de servidumbre siempre resultan irritantes.
Libre ahora de la imposición del juramento de sangre, ibn Yasir se las arregla solo. No es solo un gobernante apto, sino también realmente extraordinario: la diferencia entre trabajar para asegurar el futuro de otro y hacerlo para asegurarse el propio. Hace hincapié en la importancia de los recursos de su ciudad, sobre todo en el puerto: sin el atractivo de la ciudad de San'a, el puerto de Aden es inútil, pero por la misma razón San'a depende de su avanzadilla al sur.
Ibn Yasir tiene la esperanza de que para cuando su sire vuelva a estar activo del todo, pueda obligarle de forma educada a que cambie su relación con él y pase a ser de igual a igual. Ni se digna a contestar las acusaciones que afirman que tuvo parte de culpa en la desaparición de Abd al-Haqq. Como ocurre con muchos Ashirra de la zona, ibn Yasir lleva una túnica que le envuelve todo el cuerpo protegiéndole del viento (y el sol) del desierto. Sus cejas son espesas y su rostro curtido por el viento revela que paso su vida mortal en las arenas tierra adentro.
Clan: Ray'een al-Fen (Toreador)
Generación: 8ª
Sire: Abd al-Haqq
Naturaleza: Autócrata
Conducta: Autócrata
Abrazo: 794 EA
Edad Aparente: Unos 30 años
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