Mai observó el santuario mientras el Mercedes aceleraba dejando atrás la entrada y desaparecía en la noche. Las sensaciones fantasma de su brazo izquierdo, dando tumbos en el maletero del auto, la perturbaban. Sentía solamente que había algo equivocado en el hecho de que la mayoría de su cuerpo estuviese de pie bajo la suave brisa de otoño en tanto su antebrazo era sacudido por cada bache que el hijo Dhampyro de Hoshina-san encontraba mientras se escabullía torpemente en la noche.
Con una fiera sonrisa, y lo más parecido a un encogimiento de hombros que podía conseguir, Mai trató de prepararse para la inminente conmoción que sufriría cuando su distante mano quitara el seguro de la granada.
Puede que no sea la Disciplina más hermosa, pero es fantástica para rascarse aquellas comezones difíciles de alcanzar. Un Príncipe de Bambú que esté dispuesto a perder su brazo por un tiempo puede dotarlo de una pistola, esconderlo en alguna parte fuera de la vista y esperar sencillamente al momento adecuado. Las pistolas de poco retroceso son mejores a este fin, pues los brazos sueltos contrarrestan el retroceso mucho peor que los que están pegados al cuerpo. Los Príncipes de Bambú armeros de Bangkok han estado trabajando en pistolas especialmente diseñadas para que un brazo reptante pueda usar, pero no han conseguido nada que ofrezca una ventaja apreciable sobre las armas de fuego estándar disponibles en los mercados negros de todo el Reino Medio. Incluso con un arma estupenda, un brazo con una pistola sólo sirve para hacer fuego ciego de cobertura o crear una distracción, no obstante, a no ser que su dueño disponga de una forma para apuntarlo. Puesto que la mayoría de los Takeouji carecen de la experiencia mística para proyectar su visión hasta su mano, han dado con un par de soluciones tecnológicas. La más barata (que sigue costando un ojo de la cara) es equipar la pistola con una mira láser. Si hay un punto rojo entre los ojos del mandarín el Mono Corredor sabe que es un buen momento para apretar el gatillo. Un artificio más caro e ingenioso es una mira láser de infrarrojos para que el blanco no sepa que está siendo apuntado. Por supuesto sólo funciona si el Takeouji puede ver los infrarrojos, y el blanco no. La tercera opción es montar una minúscula cámara digital en la pistola y observar hacia dónde apunta en el monitor de un ordenador. Esto cuesta aún más que las otras opciones, pero a veces la ganancia en sigilo vale la pena.
Un Takeouji con Chi Yin por consumir, o sin otra elección, puede combinar el Miembro Despegado con el Cadáver del Tigre Blanco, simplemente volviendo su brazo y la pistola invisibles. Este ardid es especialmente importante en áreas donde no hay lugares adecuados para ocultar un brazo sujetando una pistola. Otra artimaña para usar miembros desplegados es emplear el Jaez del Aliento del Dragón para situar el brazo en sitios verdaderamente difíciles o para hacerlo moverse más rápido de lo que puede arrastrándose. Por último, un Mono Corredor que desee perder algún tiempo volviendo a hacer crecer su brazo puede usarlo para entregar paquetes más problemáticos como grandas de mano. Aquellos que lo han probado dicen que el estallido de dolor cuando el brazo es destruido es bastante desagradable, pero hay ocasiones en que ninguna otra táctica sirve.
En ciertas regiones del Reino Medio, como Hong Kong y Japón, los antiguos de la corte han aprendido a sospechar de los encuentros con jóvenes Kuei-jin que carecen de un brazo. Los Takeouji han reaccionado invirtiendo en prótesis.
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